La union con el Wu-ji
La union con el Wu-ji
Preservar el Uno (一), armonizarse con el Dao (道),
regresar a Wuji (無極), realización de la vacuidad (sunyata) o despertar a la
naturaleza fundamental de la mente, son algunas formas de llamar a una
transformación interna, una trascendencia hacia un estado más profundo de
conciencia y comprensión. También reflejan diversas formas de aproximarse a una
experiencia de unidad o conexión con una conciencia superior o supraconciencia.
Cada una de ellas puede tener un enfoque diferente, pero todas sugieren que el
camino hacia esa conciencia está en dejar de lado el ego, disolverse en algo
más grande, y aceptar una verdad que va más allá de las percepciones limitadas
del individuo.
¿Cuales son los métodos o los
caminos que se han demostrado válidos para conectar (o reconectar) con esa
conciencia universal?
Vamos a repasar algunas de las formas en las que es posible
conectar son esa conciencia superior o supraconciencia. La realización de estos
métodos, prácticas o vivencias no implican que siempre se tenga una conexión
con una conciencia superior, pero son momentos transcendentales es los que es
posible que suceda, y así se encuentra reflejado en diversas tradiciones y
escritos.
Meditación
La meditación es un proceso destinado a apaciguar la mente y
restablecer su estado natural, un regreso a la esencia misma de la conciencia.
Meditar es liberar la mente del ruido interno constante que nubla nuestra
percepción de la realidad, permitiendo que, poco a poco, se disipe la agitación
mental. Al encontrar paz en el presente, la mente recobra su claridad y su
equilibrio, restaurando una profunda sensación de tranquilidad. En este estado,
surge la lucidez: una visión clara, sin distorsiones, donde la sabiduría y la
comprensión brotan de manera natural.
La meditación es más que un simple ejercicio de relajación o
concentración; es un proceso de refinamiento interno que permite trascender las
limitaciones de la conciencia ordinaria y acceder a dimensiones más elevadas
del ser. Desde la perspectiva daoísta este camino pasa por la integración y
armonización de dos aspectos esenciales del alma: Hun (魂), el
alma etérea, y Po (魄), el alma corpórea.
Hun y Po representan dos fuerzas complementarias dentro del
ser humano: Hun (alma etérea) está asociado con el elemento Madera y el Hígado.
Es la parte ligera, expansiva y yang del alma. Su función es conectar con los
planos sutiles, permitiendo la inspiración, la intuición y la percepción
espiritual. Po (alma corpórea) está vinculado con el elemento Metal y los
Pulmones. Es la parte densa, receptiva y yin del alma, ligada a los sentidos
físicos, las emociones instintivas y la percepción del cuerpo. Si Po no se
refina, puede quedar atrapado en el miedo, el apego material y la
identificación con lo efímero.
El objetivo de la práctica meditativa es unificar estos dos
aspectos para que trabajen en equilibrio. Esto significa, por un lado refinar
el Po para que el cuerpo y las emociones no sean un obstáculo, sino un canal
estable para la conciencia superior. Esto se logra a través de la respiración
consciente, la presencia en el cuerpo y la liberación de bloqueos emocionales.
Por otro lado, tenemos que guiar el Hun con intención y calma, evitando la
dispersión mental y permitiendo que se convierta en un canal de conexión con lo
trascendente. Esto se cultiva mediante la contemplación del vacío, la
estabilidad emocional y la dirección consciente de la intención.
Cuando Hun y Po se integran, la conciencia deja de estar
fragmentada. En este estado de equilibrio, la meditación no es solo un
ejercicio mental, sino un proceso de transformación en el que el ser humano se
convierte en un puente entre el Cielo y la Tierra. En términos prácticos, esto
se manifiesta en un estado de claridad y presencia total, donde el pensamiento
se aquieta sin esfuerzo. Experimentaremos una conexión profunda con la
realidad, en la que se percibe la unidad intrínseca de todas las cosas. Sentiremos
un flujo natural de intuición y sabiduría, donde las respuestas surgen sin
necesidad de forzarlas. Esta integración permite que la conciencia individual
se expanda sin perder su anclaje en la vida cotidiana, facilitando un estado de
equilibrio dinámico entre lo material y lo trascendental.
En la alquimia interna se habla de una sutilización
progresiva de las energías: Jing (精) → Qi (氣) →
Shen (神) → Wu (無). Este camino está basado en la
transformación de la densidad hacia la sutileza, y es cosmológico, energético y
espiritual. Aquí el foco está en trascender las polaridades, purificar los
elementos internos y regresar al Dao (道).
Dentro de los sueños
A lo largo de la historia, los sueños han sido considerados
una vía de conexión con lo sagrado, lo trascendente y la supraconciencia en
diversas culturas.
En el daoísmo, el alma etérea (Hun) viaja en los sueños,
permitiendo el acceso a reinos espirituales y conocimientos ocultos. En el
chamanismo de distintas tradiciones, los sueños son portales hacia otros
mundos, utilizados para recibir mensajes de los espíritus o guías. En la Grecia
clásica, existían espacios donde los sueños eran interpretados para sanar
cuerpo y alma. En la tradición budista los estados oníricos se ven como
oportunidades para despertar a la verdadera naturaleza del ser. A través del
tiempo, los sueños han sido percibidos no solo como expresiones del
subconsciente, sino también como puertas hacia dimensiones más profundas de la
conciencia y el cosmos.
La conexión entre los sueños y estas dimensiones superiores
de consciencia se potencia mediante lo que se conoce como sueños lucidos. Un
sueño lúcido es un estado en el que la persona es consciente de que está
soñando mientras el sueño ocurre, lo que le permite interactuar deliberadamente
con su entorno onírico. En este estado, la percepción suele ser vívida, y el
soñador puede ejercer cierto grado de control sobre los eventos, personajes y
paisajes del sueño.
Desde una perspectiva espiritual y filosófica, los sueños
lúcidos pueden considerarse una puerta de acceso a niveles más profundos de la
mente y la conciencia, posibilitando la exploración de la naturaleza de la
realidad, el subconsciente y la supraconciencia. Tradiciones como el daoísmo y
el budismo han desarrollado prácticas para cultivar esta habilidad con fines de
autoconocimiento, transformación interna y conexión con dimensiones más sutiles
del ser.
A lo largo de la historia, varios personajes influyentes han
depositado su confianza en el poder del subconsciente como una fuente
inagotable de soluciones a problemas complejos. Para acceder a este caudal de
creatividad e intuición, además de los sueños lucidos, recurrían a técnicas de
relajación profunda y microsiestas diseñadas para inducir estados de conciencia
alterados. El objetivo era buscar alcanzar el umbral de la fase hipnagógica,
ese estado intermedio entre la vigilia y el sueño donde la mente se libera de
sus restricciones y fluye con ideas espontáneas y revelaciones inesperadas.
Experiencias cercanas a la muerte
Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) son fenómenos
que algunas personas experimentan durante un paro cardiorespiratorio, que puede
sobrevenir en diversas situaciones próximas a la muerte. Las ECM suelen ocurrir
en las muertes clínicas, por enfermedad, suicidio o accidente, con sensaciones
no captadas por los sentidos físicos1.
Estas experiencias suelen involucrar un estado de conciencia
alterado, donde las personas reportan estas sensaciones no percibidas por los
sentidos físicos, como la sensación de salir del cuerpo, viajar por un túnel de
luz o encontrarse con seres espirituales. Estas vivencias trascienden la
percepción común, sugiriendo que la conciencia podría operar más allá de los
límites del cuerpo físico, y han sido interpretadas tanto desde perspectivas
científicas, como respuestas a reacciones del cerebro, como desde enfoques
espirituales, que sugieren una dimensión no material de la realidad.
"Las ECM pueden ser tan variadas como las personas que
las experimentan. Algunas informan de sensaciones de paz y amor incondicional,
mientras que otras expresan que se han reencontrado con seres queridos ya
fallecidos. Y también las hay que incluso describen experiencias en las que
salían de su propio cuerpo y observaban los esfuerzos por salvar sus vidas
desde una perspectiva externa."2
Experiencia transformadora (Satori)
Existen experiencias, normalmente traumáticas, que impactan
de forma muy profunda en el individuo y desencadenan un despertar. Dentro de
estas experiencias transformadoras (en este caso, normalmente no traumática)
incluyo también el "satori" o despertar repentino.
Satori es un término japonés que se refiere a la experiencia
del despertar o la iluminación, especialmente dentro de las tradiciones del Zen
y otras formas de budismo japonés. El despertar implica una comprensión directa
y no conceptual de la realidad, un momento de profunda claridad en el que se
trascienden las ilusiones del ego y la separación, revelándose la verdad última
y adquiriendo un estado de conciencia pura. El satori no es un logro
intelectual ni un entendimiento racional, sino una experiencia trascendental.
A menudo, el satori se asocia con la realización repentina
que ocurre durante una práctica intensiva de zazen (meditación sentada) o en
momentos de profunda intuición. Es una especie de "despertar" que
transforma la relación de una persona con el mundo, llevándola a una
experiencia más directa, inmediata y sin filtros de la realidad.
El satori es abrupto. Lógicamente ocurre con más frecuencia
si se realiza trabajos internos como la meditación, pero en este caso la
experiencia a la que me refiero no es tanto el acercamiento progresivo sino la
del despertar repentino.
Las tradiciones orientales están salpicadas de leyendas
donde antes de un gran descubrimiento la person atraviesa una profunda crisis.
Solo después de "tocar fondo" y muchas veces después de una profunda
reflexión o meditación (incluso de un retiro espiritual que incluye prácticas
ascéticas) sobreviene la inspiración. La historia (leyenda) del que se
considera padre de la acupuntura japonesa, Waichi Sugiyama, es uno de estos
inspiradores relatos:
"Después de haber sido rechazado por dos instructores
destacados, un desesperado Sugiyama decidió no regresar a casa y en su lugar
viajó a Enoshima, una pequeña isla frente a la costa sur de Japón, cerca de
Kamakura. La isla albergaba un santuario de Benten, una diosa japonesa y la
única deidad femenina entre los siete dioses de la buena fortuna de Japón.
Sugiyama creía que Benten podría ayudarlo a mejorar sus habilidades de
acupuntura. Para ganarse el favor de la diosa, Sugiyama entró en una cueva de
la isla, donde rezó y ayunó a los pies de una estatua de Benten. La diosa
recompensó la diligencia de Sugiyama otorgándole un shinkan, un pequeño tubo
utilizado para ayudar a los practicantes a insertar agujas de acupuntura de
manera más efectiva. El shinkan revolucionaría la práctica de la acupuntura en
todo Japón y vincularía para siempre el nombre de Sugiyama con la
práctica."3
El frío extremo dará origen al calor, y el calor extremo
dará origen al frío.
Su Wen (素問)
Podemos entender esta experiencia de intertransformación
teniendo en cuenta uno de los principios de la relación del yin y del yang:
Cuando se alcanza el yin máximo este se convierte en yang (y viceversa).
Llegado a un punto, una polaridad no puede seguir creciendo, o decreciendo, y
se transforma.
La experiencia traumática desarma al individuo, le despoja
de las capas que construye su ego que le aíslan de la verdad última y esto le
expone a un contacto más cercano con lo divino.

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