relación entre la gripe,catarros y la mucosa intestinal
Estornudos, moqueo, tos: pocas veces se observan tantos resfriados persistentes como en los últimos meses del año y, además, da la sensación de que las oleadas de resfriados duran cada vez más. De hecho, los datos actuales también lo confirman: la tasa de absentismo por enfermedad se situó en 2024 en casi un 6 %, y en el primer semestre llegó incluso a casi un 7 % entre las personas afiliadas al seguro médico obligatorio, un aumento significativo respecto a años anteriores.
Pero ¿a qué se debe que nos hayamos vuelto tan susceptibles a los resfriados, la gripe y otros otras infecciones respiratorias? En los últimos años, investigadores de todo el mundo han llamado la atención sobre una relación sorprendente: la que existe entre nuestro sistema inmunitario y el intestino, con sus microorganismos intestinales.
Un descubrimiento que se remonta a más de cien años
El origen de este descubrimiento se remonta mucho más atrás de lo que cabría esperar: ya a principios del siglo XX, el investigador ruso Iliá I. Méchnikov —discípulo de Louis Pasteur— observó que las personas del Cáucaso y de determinadas regiones de Bulgaria tenían una esperanza de vida llamativamente alta. Lo relacionó con el consumo abundante de productos lácteos acidificados y fermentados: según su teoría, la ingesta de bacterias lácticas aumenta la cantidad de lactobacilos en el intestino y, de este modo, favorece la salud. En 1908, Méchnikov recibió por ello el Premio Nobel de Medicina y Fisiología.
Sin embargo, transcurriría casi todo un siglo hasta que la ciencia pudiera comprender realmente este descubrimiento. El siguiente gran avance llegó en 2001 de la mano del profesor Joshua Lederberg, también galardonado con el Premio Nobel: acuñó el término «microbioma», la enorme comunidad de bacterias que habita en nuestro intestino y que hasta entonces había sido ignorada en gran medida como posible fuente de salud o de molestias.
Desde la década de 2000, el interés científico por este tema ha crecido de forma vertiginosa: grandes proyectos internacionales de investigación, como el «Human Microbiome Project» o el «American Gut Project», estudiaron sistemáticamente qué bacterias colonizan nuestro intestino. Actualmente se publican más de 20.000 trabajos científicos al año sobre este tema. Una conclusión central es que las bacterias de nuestro intestino no solo influyen en el propio intestino, sino en todo nuestro organismo y, muy especialmente, en nuestro sistema inmunitario.
La estrecha relación entre el intestino y el sistema inmunitario
Un grupo de investigadores dirigido por el Prof. Giuseppe Vighi y el Prof. Francesco Marcucci, de la Universidad de Perugia, realizó un descubrimiento notable: aproximadamente el 70 % de todo el sistema inmunitario humano y casi el 80 % de las células plasmáticas productoras de anticuerpos se encuentran en el intestino.
La pregunta lógica que se plantea a continuación es: si una gran parte de nuestro sistema inmunitario se encuentra en el intestino, ¿qué papel desempeña el microbioma en su funcionamiento? En estudios realizados con ratones libres de gérmenes —animales sin microbioma propio—, investigadores como Hsin-Jung y Eric Wu, de la Universidad de Arizona, demostraron que tanto la regulación del sistema inmunitario como el número de determinadas células inmunitarias asesinas eran claramente inferiores en estos animales que en sus congéneres con un microbioma intacto. En otras palabras: sin microbioma, tanto la regulación de las defensas inmunitarias como sus «armas» están notablemente debilitadas.
Investigaciones más recientes sobre la COVID-19, como las realizadas por el Prof. Ikram Hussain y sus colaboradores de Singapur, así como por la Prof. Rituparna De y Shanta Dutta, de Calcuta, apuntan también a que las personas con pocas bacterias «beneficiosas» en el intestino pueden ser más susceptibles a desarrollar cuadros graves.
La magnitud del efecto que puede tener la administración específica de bacterias quedó demostrada en un experimento especialmente ilustrativo de un equipo de investigadores dirigido por Sangman Kim y Jennifer DeFazio, de la Universidad de Chicago: se expuso a patógenos potencialmente mortales a ratones con el sistema inmunitario debilitado. Un grupo recibió previamente microcultivos específicos procedentes de un ratón sano y el otro no. El resultado fue claro: alrededor del 90 % de los ratones que recibieron los microcultivos sobrevivió a la infección; en el grupo de comparación, solo sobrevivió aproximadamente el 20 %.
¿Pueden observarse efectos similares también en seres humanos? Un análisis sistemático de más de 20 estudios internacionales, realizado por un equipo dirigido por Lara Lehtoranta, llegó a un resultado prometedor: la administración de cepas específicas de lactobacilos y bifidobacterias puede contribuir a acortar la duración de las enfermedades respiratorias, y el propio riesgo de infección puede reducirse reforzando el microbioma con estas bacterias.
Lo que realmente importa al aportar bacterias intestinales
A la luz de estos descubrimientos, muchas personas desean hacer algo por sus defensas. El objetivo es aportar bacterias intestinales específicas para que el microbioma recupere su equilibrio y el intestino pueda desempeñar de forma óptima su papel en el sistema inmunitario.
Sin embargo, no todos los preparados son igual de adecuados. Los factores decisivos son, sobre todo:
La cantidad de cepas bacterianas que contiene: Un intestino humano sano alberga muchas más que entre 3 y 10 cepas bacterianas diferentes. Por ello, un buen preparado de microcultivos debería contener el mayor número posible de cepas distintas para aproximarse al máximo a la diversidad natural del microbioma.
La dosis: Un intestino sano contiene, según los conocimientos científicos actuales, entre 10 y 100 billones de bacterias. Los preparados con una dosis demasiado baja apenas tienen peso para producir realmente algún efecto.
El apoyo a la mucosa intestinal: Para que los microcultivos puedan establecerse en el intestino y actuar allí, necesitan un sustrato intacto: una mucosa intestinal sana. Para ello han demostrado ser útiles, entre otras sustancias, las vitaminas del grupo B, como la niacina, que contribuyen al mantenimiento de unas mucosas normales.
Fuentes y referencias científicas:
BMG (2024): Tasa mensual de absentismo por enfermedad de las personas afiliadas al seguro médico obligatorio (GKV) en Alemania, por aseguradora, de julio de 2023 a julio de 2024. Statista. Statista GmbH. https://de.statista.com/statistik/daten/studie/217989/umfrage/krankenstand-bei-pflichtmitgliedern-der-gkv/ (consultado por última vez el 03/09/2024).
Lederberg J, McCray A. Ome sweet 'omics: -- A genealogical treasury of words. The Scientist. 2001;15:8. https://www.the-scientist.com/commentary/ome-sweet-omics---a-genealogical-treasury-of-words-54889
Vighi G, Marcucci F, et al. (2008). Allergy and the gastrointestinal system. Clin Exp Immunol. 2008 Sep;153 Suppl 1(Suppl 1):3-6. doi: 10.1111/j.1365-2249.2008.03713.x.
Wu H J, & Wu E (2012). The role of gut microbiota in immune homeostasis and autoimmunity. Gut microbes, 3(1), 4–14. https://doi.org/10.4161/gmic.19320
Hussain I, Cher G, Abid M A & Abid M B (2021). Role of Gut Microbiome in COVID-19: An Insight Into Pathogenesis and Therapeutic Potential. Frontiers in immunology, 12, 765965. https://doi.org/10.3389/fimmu.2021.765965
De R, Dutta S. (2022). Role of the Microbiome in the Pathogenesis of COVID-19. Front Cell Infect Microbiol. 2022 Mar 31;12:736397. doi: 10.3389/fcimb.2022.736397.
Kim S M, DeFazio J R, et al. (2020). Fecal microbiota transplant rescues mice from human pathogen mediated sepsis by restoring systemic immunity. Nature communications, 11(1), 2354. https://doi.org/10.1038/s41467-020-15545-w
Lehtoranta L, Pitkäranta A, Korpela R. Probiotics in respiratory virus infections. Eur J Clin Microbiol Infect Dis. 2014 Aug;33(8):1289-302. doi: 10.1007/s10096-014-2086-y.

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